¿Que qué pasó?
Crecimos. Y dejó de mirarme como a un juguete para pasar a verme como una parte de su vida. Pero es que a veces crecer no significa dejar cosas atrás, sino dar a esas cosas otro significado que a veces, sin darnos cuenta, hace que desaparezcan. Y aunque todo en la vida está orientado a crecer, a mí me apetecía quedarme estancada en el pasado. Me apetecía tratarle como a mi juguete preferido. Cuidarle, dormir con él, llevarle en todo momento, pero sobre todo, no olvidarme de darle un cariño especial cada día. De recordarle cada día que era él mi preferido. Que a él le llevaba al médico cuando tenía miedo de que me pinchasen el brazo. Que con él me desvelaba la noche el seis de enero. Con él comía el roscón, y era él siempre mi figurita. Yo tenía suerte de tenerle, y eso era todo. Tratarse como personas era asentir y asumir que alguien ha pasado a ser una pieza de tu vida. Era pensar qué hacer sin esa pieza, qué hacer para no perderla, qué hacer. Era pensar. Y aunque madurar esté bien yo me quería quedar allí. Me quería preocupar cada día de mimar a mi juguete, y no de llorar por no perderle. Quería que fuesemos dos, y que las piezas de mi vida fuesen, al fin y al cabo, como las de un puzzle que se empieza y se acaba una y otra vez. Que cada día era una nueva forma de empezarlo. Que el puzzle se hacía solo si yo quería. Y yo quería que fueses tú quien me ayudase a hacerlo. No que fueses una de las piezas sin la cual, el puzzle no vale nada.
Más cerca de los Beatles que de tus discos de jazz.
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viernes, 18 de diciembre de 2015
domingo, 22 de noviembre de 2015
Quiero empezar de cero, ¿entiendes? Aprender a abrazar y a besar sin morderse la lengua. Caminar despacio y saber que no hay nada más atrás que un vació lleno de cosas que hoy ya no son nada. Pero para ellos seguirá siendo vacío. Para ellos seré simplemente yo, aunque aún no sepa quién voy a ser. Seré normal, como todo el mundo. Dejaré de ser la chica colgada de alguien que la dejo atrás. Dejaré de ser quien siempre creíste que era, y me esconderé en la sombra que siempre te siguió cuando a mí me dejaste escapar. Fingiré que no sé amar y que las cosas me vienen grandes. Fingiré no saber cómo mirar a alguien que sabes que no volverás a ver el resto de tu vida. No al menos del mismo modo. Fingiré que nada de esto pasó para poder volver a ser yo. O para ser otra persona. Fingiré no estar rota y caminaré despacio para no tropezarme y que todos vean ese desastre. Iré despacio y sin hacer ruido para que nadie me vea entrar. Para que nadie sepa que me sé el camino de memoria. Que ese banco no es mío. Que es banco no es nuestro. Y que esta es mi primera vez. Fingiré que duele. Que me rompe por dentro.
Nadie sabrá que no hay nada que romper.
Nadie sabrá que no hay nada que romper.
lunes, 16 de noviembre de 2015
No sé. La verdad es que no sé. Que no sé si te quiero porque no sé si realmente sé querer. Y realmente no sé ni si alguien sabe. Que vivo en un mundo donde la venganza se paga con vidas humanas y donde la religión a veces acaba con tu vida y no te ayuda a vivirla. Que la muerte se cuenta con números y los disparos en segundos. No sé. ¿Cómo voy a querer si vivo en un mundo donde la gente mata en nombre de la paz? Que no puedo. Que aquí el dinero es la droga más adictiva del planeta, y todavía sigue existiendo. Y siguen existiendo tanques escondidos en templos. Golpes escondidos en cifras. Masacres escondidas en buenas noticias. Que no sé si lo que siento es algo bonito, porque realmente he dejado de creer en las cosas bonitas. Que el amor ya no sé si es aquello que sale a luz cuando nos golpean o si siempre está ahí, escondido como aquel tanque en aquel templo. Que no sé si es bonito porque la luz que veo es negra y triste como un once de septiembre, un trece de noviembre o un once de marzo. O como un día cualquiera en la otra parte del mundo. Que no puedo creer en las cosas bonitas cuando sé que al otro lado del mundo una niña muere en nombre de la religión, otro muere por no tener nada que llevarse a la boca, y otro ahogado en una playa intentando llegar a esa diminuta luz que vió desde el otro lado del mundo. Pero esque la esperanza a veces convierte un punto de luz en un cielo blanco e infinito. Esperanza digo, pero ya no sé si hablo de desesperación. Que no sé, entiéndeme. Que no estoy preparada para nada de esto. Que aquí somos débiles como gotas de agua que se derraman cuando ven a un niño muerto en una playa. Que somos débiles como hojas de papel, que nos rompen y nos reciclan, que solo somos números.
Y dime si todavía hay esperanza. Si la esperanza ahora se traduce en querer a una persona que te agarre la mano en medio de la masacre. Que te agarre la mano cuando te cuelgues desde una ventana y que te salven la vida. Dime si la esperanza ahora se traduce en eso. Dice si eso es lo que puedo esperar de la vida.
Y dime si todavía hay esperanza. Si la esperanza ahora se traduce en querer a una persona que te agarre la mano en medio de la masacre. Que te agarre la mano cuando te cuelgues desde una ventana y que te salven la vida. Dime si la esperanza ahora se traduce en eso. Dice si eso es lo que puedo esperar de la vida.
lunes, 9 de noviembre de 2015
autodefensa
Eran las doce de la noche de aquel día y yo era la loca que miraba la pared por miedo a darme la vuelta y ver lo que siempre estuvo acariciándome la nuca y nunca me atreví a mirar a los ojos. Tal vez porque hay gente que pierde la magia cuando consigues entenderla o porque descrubres que nunca tuvo ninguna magia, y que la magia era que tú no le querías ver bien. O que no le querías, simplemente.
Pero a veces te agarran las manos y te acarician el brazo, y en cierto modo no hay tiempo para pararte pensar en si de verdad merece la pena jugársela o no. La única verdad es que en aquel momento sólo tienes ganas de ver los ojos de quien está acelerando los latidos de tu pecho como una moto a diez segundos de la meta en una carrera.
Y de pronto te das cuenta de que la carrera eras tú y de que ya las has perdido. Que el juego consistía en no verse del todo jamás, y que jústamente era eso lo que a tu corazón le tenía entre la espada y la pared. Que empiezas a notar que no hay carrera alguna en tu pecho y que todo lo que había sido no será nunca más, o al menos no con esos ojos.
Y todavía soy la loca que se indigna cuando me dicen que nunca le quise porque quise ver más de lo que él me dejó. Que nadie puede arrebatar a nadie ese derecho a no dejarse ver, y que ni si quiera el amor, o el orgasmo como ellos lo llaman, podía saltarse esa regla.
Pero es que ellos no saben que los dos somos los locos que ahora miramos a la misma pared, que tu reflejo es tan transparente como el mío y que el juego ahora consiste en verse y no querer darse la vuelta jamás.
Que ese juego es el amor.
Y que lo demás no son más que tonterías que nacen del miedo de esta sociedad de imbéciles que todavía piensa que la autodefensa consiste en que sólo uno mismo puede conocer sus miedos.
Algún dia sabrán que se equivocan. Que la autodefensa no existe. Que si quieres defenderte de este mundo lo primero que hay que hacer es darse la vuelta y no tener remordimientos. Nunca más.
Pero a veces te agarran las manos y te acarician el brazo, y en cierto modo no hay tiempo para pararte pensar en si de verdad merece la pena jugársela o no. La única verdad es que en aquel momento sólo tienes ganas de ver los ojos de quien está acelerando los latidos de tu pecho como una moto a diez segundos de la meta en una carrera.
Y de pronto te das cuenta de que la carrera eras tú y de que ya las has perdido. Que el juego consistía en no verse del todo jamás, y que jústamente era eso lo que a tu corazón le tenía entre la espada y la pared. Que empiezas a notar que no hay carrera alguna en tu pecho y que todo lo que había sido no será nunca más, o al menos no con esos ojos.
Y todavía soy la loca que se indigna cuando me dicen que nunca le quise porque quise ver más de lo que él me dejó. Que nadie puede arrebatar a nadie ese derecho a no dejarse ver, y que ni si quiera el amor, o el orgasmo como ellos lo llaman, podía saltarse esa regla.
Pero es que ellos no saben que los dos somos los locos que ahora miramos a la misma pared, que tu reflejo es tan transparente como el mío y que el juego ahora consiste en verse y no querer darse la vuelta jamás.
Que ese juego es el amor.
Y que lo demás no son más que tonterías que nacen del miedo de esta sociedad de imbéciles que todavía piensa que la autodefensa consiste en que sólo uno mismo puede conocer sus miedos.
Algún dia sabrán que se equivocan. Que la autodefensa no existe. Que si quieres defenderte de este mundo lo primero que hay que hacer es darse la vuelta y no tener remordimientos. Nunca más.
jueves, 5 de noviembre de 2015
El punto muerto está entre tu espalda y mi pecho. Entre el blanco y el negro. Entre el acierto y el fallo. El punto muerto será parecido a vivir sin amar. A follar sin querer o a reír sin sentir. Será la calma en medio de la guerra o el disparo a diez centímetros del corazón.
Y es que me da miedo el punto muerto. Pero más miedo me da vivir con miedo a la ilusión. Me asusta la monotonía y me aterra la constante sensación de estar tirándose al vacio y sin paracaídas.
Pero qué se le va a hacer. Si total estamos aquí para hablar de cosas sin importancia, porque al final nadie quiere decir que es un cobarde de mierda. Que preferimos morirnos de frío antes que pedir a alguien un poco de calor. Que preferimos morir cuerdos antes que vivir sin miedos.
Y es que me da miedo el punto muerto. Pero más miedo me da vivir con miedo a la ilusión. Me asusta la monotonía y me aterra la constante sensación de estar tirándose al vacio y sin paracaídas.
Pero qué se le va a hacer. Si total estamos aquí para hablar de cosas sin importancia, porque al final nadie quiere decir que es un cobarde de mierda. Que preferimos morirnos de frío antes que pedir a alguien un poco de calor. Que preferimos morir cuerdos antes que vivir sin miedos.
Me quemé. Al final me quemé. Y tú todavía andas por ahí intentando encender la vela de nuevo. Pero a veces la voluntad propia no lo puede todo. Y quién mejor que nosotros para saberlo. A veces dices basta después de intentarlo mil veces, y sigues siendo aquel cobarde que acabó rindiéndose. Porque a veces nos quedamos con los resultados y tiramos todo lo demás por la borda. Pero es que todo lo demás somos tú y yo. Y aunque el resultado sea desastroso, nadie puede quitarnos nuestros intentos fallidos. Porque fue divertido equivocarnos, fue divertido caer y mirar de frente para saber que caíste conmigo. Que nunca tuve que mirar arriba porque nunca me sentí menos que nadie. O tal vez sí, pero no menos que tú. Y tal vez no tuvimos un buen resultado porque nos pasamos toda la carrera parando a descansar. Porque cada vez que veíamos un banco lo hacíamos nuestro. Alguna vez perdimos el tiempo más de la cuenta marcando nuestras iniciales con una llave, pero qué mas da si el camino es lo que importa. No hacía falta marcar un banco porque a mí me dejaste suficiente marcada por dentro. Pintaste tus iniciales con el rojo de mis mejillas y dejaste mi estómago patas arriba mientras me besabas por encima de mis costillas. No hacía falta dejar por escrito en un banco que lo nuestro sería para toda la vida. Porque nadie entendería que algo tan desastroso fuese en realidad la mejor aventura de mi vida. Tal vez sea como las cenizas de quien un día fue un héroe y hoy nadie se atreve a pronunciar su nombre. El resultado siempre va a ser malo. Deja que la llama se quede apagada, deja que nadie entienda por qué seguimos con ganas de modernos los labios cada día. Deja que la luz esté apagada que así nadie me verá. Deja la luz apagada que no quiero que nadie encuentre mis cenizas y se compadezca de mí. Porque eso sí que sería un desastre.
sábado, 17 de octubre de 2015
Me da vértigo el día en que no nos volvamos a ver. El día en que nuestros planes para el futuro se queden en mis manos y vayan goteando hasta ahogarme por completo. Aquel día todo será nada y el resto será desierto. Nos miramos tan fíjamente todo este tiempo, que se me ha olvidado cómo se mira a alguien a quien sabes que no volverás a ver el resto de tu vida. Se me ha olvidado olvidar, ya ves tú. Perdí cosas por el camino que no sabía ni que existían, y el camino se me hizo tan corto que no sé si retroceder o quedarme aquí parada unos cuántos años más. Se me olvidó a dónde ibamos desde el día que dimos nuestro primer paso. Y las huellas fueron pintando en el suelo todas las noches que me decías te quiero, y borrando con nieve blanca los días en los que nos decíamos lo que hoy no queremos volver a escuchar. Los días vuelan como sigue volando la golondrina de Bécquer y las cosas acaban como el poema veinte de ese otro gigante. Y tal vez una canción desesperada fuese su forma de anunciar que los finales te desquician y te queman como una llama por dentro. Pero tú, Neruda, tú hacías la desesperación bonita e incluso convertías al fuego en hielo, con quemaduras elegantes y de esas que esconden historias que contar.
Tú eres una de esas historias. Tú no convertiste el fuego en hielo, ni tampoco hiciste de la desesperación la forma más bonita de morir de amor. Pero me hiciste feliz, y a veces esto suena tan facil que nos olvidamos de todo lo que conlleva.
Y, tal vez, la forma más bonita de despedirte de alguien a quien no volverás a ver es decirle eso: Me hiciste feliz, qué más hay que añadir.
Tú eres una de esas historias. Tú no convertiste el fuego en hielo, ni tampoco hiciste de la desesperación la forma más bonita de morir de amor. Pero me hiciste feliz, y a veces esto suena tan facil que nos olvidamos de todo lo que conlleva.
Y, tal vez, la forma más bonita de despedirte de alguien a quien no volverás a ver es decirle eso: Me hiciste feliz, qué más hay que añadir.
lunes, 12 de octubre de 2015
Gracias mamá. Mi heroína y mi salvadora. Para mí tú no eres reina, porque tú no estás ahí por casualidad, porque yo te elegiría a ti mil veces, y las mil veces tendría a la mejor madre que se podría tener. No eres reina mamá, eres mucho más. Tú me llevaste contigo 9 meses y todavía me sientes ahí dentro cuando me hacen llorar. Tú te acuerdas de mí aun sin llevar una foto en la cartera que se saca de vez en cuando para enseñar a un par de desconocidos. Tú me llevas en tu puño mamá, y eso vale mucho más. Tú me enseñas con palabras, me quieres con hechos y me cuidas a cada momento. Tú, que te quedas dormida en el sofá hasta que llego a casa. Que me preparas mi comida preferida en los días que más insoportable estoy. Mamá tú no eres reina porque todo lo que tienes tiene marcado tu sudor y tus lágrimas. Mamá, tú no eres reina, la reina soy yo. Yo soy reina porque no hice nada para tener tanta suerte, para tenerlo todo sin merecerme nada. Mamá tú no eres reina, eres más, mucho más.
domingo, 4 de octubre de 2015
Creo que morir de amor debe ser la forma más bonita de vivir. Quiero decir, que morir puede ser vivir al mismo tiempo que vivir puede conllevar estar muerto emocionalmente. Y no me quiero enloquecer pero he acabado con besos en las costillas y sin aire en los pulmones. Estoy desnuda en tu habitación y me siento tan dentro de ti, que a veces pienso que el verdadero sexo se practica cuando me miras como si nunca me hubieses visto antes. Tal vez lo llaman orgasmo y no hacen más que equivocarse de término y de sensación una y otra vez. El roce hace el cariño y el cariño es quien hace el amor. El amor se hace en la calle, con los ojos, con la boca y con pasión. Y quien no crea en el amor no cree en la vida, me dijo mi abuela una vez. Pero, ¿cómo van a creer en el amor, si nadie se lo ha hecho antes? Si sólo se han muerto de placer cuando ni si quiera tenían los ojos abiertos. Dejan la vida pasar y la mía siempre regresa cuando abres los ojos al mismo tiempo que yo, cuando me dices te quiero, y yo me repito en mi cabeza que soy una auténtica ninfómana del amor.
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